―El último pedido. ―Joder, estaba cansado.
Las dos últimas semanas habían sido brutales, entrenando al nuevo chef, intentando pensar, lidiando con el inspector de incendios y la policía. Sabía que Art había provocado el incendio. Lo sabía, pero no había ninguna evidencia sólida y Art estaba jodidamente desaparecido. Desaparecido. Como si se hubiese esfumado.
La policía estaba hablando sobre búsquedas y esas mierdas, pero Mew conocía a Art. Había dado su opinión. Y sería la última que diera sobre esto. Art no regresaría.
Mew ayudó a Jio a sacar el último salmón y luego suspiró.
Agotado. Estaba agotado. Podía sentirlo en su alma.
―Tienes un visitante ― le dijo Yatch al entrar, Gulf caminaba tras él. ―Algo acerca de llevarte a casa.
―Bueno... ―Lo miró, sonriendo de nuevo―. Gulf. Chicos, él es mi pareja.
Le encantaba la forma en la que el rostro de Gulf se iluminaba cuando decía ese tipo de cosas.
Gulf saludó. ―Hola.
Todos ellos lo saludaron, Kevin se acercó a estrechar la mano de Gulf. ―Me alegra conocerte. Lamento ver a Mew marcharse.
―Estoy seguro de eso, es un chef increíble ―Gulf le sonrió a Kevin y estrechó su mano.
―Lo es.
Mew sonrió. ―Cállate. ―Ya habían tenido su fiesta de despedida, ahora era el momento de irse.
―Es la verdad. ―Gulf le mostró una sonrisa―. Vamos. No estoy seguro de que esté legalmente estacionado.
Asintió, miró a su alrededor al restaurante. Había pensado que iba a tener esto para siempre. Siempre.
―¿Estás bien? ―Gulf le preguntó en voz baja.
―Sí. ¿Cómo están los niños? ¿Condujiste hasta aquí?
―Los niños están bien. Y sí, lo hice. Quiero llevarte a cierto lugar. ―Gulf había aparcado en el callejón detrás del restaurante―. Aunque puedes conducir ahora, si quieres.
―Está bien. Vamos.
Había dejado el coche con Gulf el fin de semana pasado, para que los niños y él pasearan por los alrededores en busca de casas y Joo lo había estado llevando al trabajo, y tomaba taxis para regresar a casa por las noches.
Gulf los llevó a la carretera y salieron de la ciudad. ―Así que, ¿cómo se siente?
―Extraño, pero bien. ―Probablemente no procesaría todo hasta más tarde―. Déjame mandarle un mensaje a Joo y hacerle saber que no voy.
―Lo sabe. ―Gulf le dio una sonrisa―. Tengo tu maleta en el maletero.
―¿Sí? Guau. Bueno. ¿Los niños están ahí, también? ―bromeó. A veces la eficiencia de Gulf le daba miedo.
Gulf se rio. ―No. Ellos están a salvo con Mark y Sara.
Pasaron la mayor parte del viaje en silencio, un silencio cómodo, amigable, pero cuando llegaron al desvío, Gulf no lo tomó. ―¿Gulf? Amor, pasaste el desvío.
Mostró otra sonrisa. ―Así sería, si fuéramos a la casa de Mark y Sara.
―¿A dónde vamos?
―A la pensión en la que nos alojamos. Pensé que sería bueno tener una noche para nosotros y tenemos que hablar.
―Oh. ―Que adorable. Se inclinó, besando la mejilla de Gulf―. Quizás esta vez será menos traumática. ―Le encantaba ese lugar, incluso con el mal recuerdo de esa llamada telefónica.
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