II. Estoy enamorado de tí.

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La respuesta de Mikasa a la propuesta de Jean, fue contundente. Le agradeció por cada ocasión en que había salvado su vida, la de Eren, la de Armin... Pero se negó a aceptar su propuesta de matrimonio y Jean nunca habló con Eren. Se limitó a asentir con la cabeza y a despedirse de ambos. Regresaría con su familia, su madre y hermanos, e iría hacia el sur.

Mikasa permaneció en silencio, sin hacer alusión alguna a Eren de lo que acababa de suceder. Frente a Jean, Mikasa ni siquiera objetó a nada de lo que Jean había dicho, o se había opuesto a casarse. Simplemente le presentó el panorama real, hicieron una evaluación y él cedió. Pero Eren se dio cuenta que Mikasa estaba lamentando esa decisión, no porque amara a Jean, sino porque realmente quería tener una vida y una donde hubiese con quien compartirla, no una vida solitaria cuidando de una casa, sin nadie con quien hablar de nada, o peor... Sin nadie. Sin él.

Eren tampoco supo que decir, era un hecho que aquello era más de lo que se podía esperar de él, a quien le era prácticamente imposible expresar sus sentimientos. Pero quería decírselo.

Quería ver a Mikasa a los ojos y poder decirle lo que sintió toda su vida. Lo hermosa que le parecía, con sus ojos rasgados de acero y su cabello, de un intenso negro, igual que la boca de un pozo, que parecía invitar a lo desconocido, hablarle de lo muy tentado que estaba de tocar la piel de su hombro redondo de alabastro, o besar sus labios que le recordaban la granada recién cortada por la mitad...

Así es como se atormentaba. Sin ser capaz de expresar las palabras de la manera en que las pensaba, optaba por el silencio. Mikasa a su vez sentía que en toda su vida, había expresado en demasía sus sentimientos por Eren, tanto que no eran un secreto para nadie y lo peor es que eran evidentes para todo el mundo, así que, erróneamente, todos pensaban que Mikasa era ciertamente devota a su hermanastro y que lo amaba sin ser correspondida; otros pensaban, y entre estos Jean, que Mikasa estaba obsesionada y no enamorada de Eren y que éste era tan estúpido que ni siquiera lo había notado.

Sin embargo, Mikasa siempre tuvo un sueño, o al menos desde el día que Eren Jaeger había matado a unos bandidos para salvarla; el día que Mikasa descubrió el despertar de su fortaleza física y mató al hombre que intentó matar a Eren por defenderla.

Habría hecho cualquier cosa por él.

Por su mente pasaron muchas cosas. En su mente su sueño siempre estaba vivo.

Era ella y Eren, en la casa de los Jaeger que antes se alzaba al final de una de las calles de Shiganshina. Tenían hijos. Y ella hacía la comida. Lavaba la ropa. Observaba la ventana y a sus vecinos mientras aseaba los trastos y veía jugar a los niños fuera. Una vida pacífica y feliz.
Pero el mundo es cruel.

Y lo más cruel de todo aquello, es que parecía que solo ella albergaba ese único sueño. Parecía que solo ella lo acariciaba y lo tenía claro en su mente. Solo para ella, aquel sueño tenía sentido. Solo para ella, aquel sueño era lo único que la sostenía por encima del caos.

Su deseo de sobrevivir era tan fuerte, que solo había sobrevivido para cristalizar su sueño. Solo había permanecido viva y mantenido vivos con ella a otros tantos más para lograr tocar ese sueño con sus manos y sentirlo palpable.

Sintió la irrefrenable necesidad de salir de allí, pero no lo hizo. Finalmente se sentó junto a Eren, en su cama, y se inclinó cercana a él a mirarle. Eren desvió la vista. No quería que Mikasa viera el amor en sus ojos. No quería que se topara con el deseo y menos todavía con sus sentimientos y su vergüenza por no poder expresarlos.

Mikasa buscó y no halló nada. Así que se inclinó aún más hacia Eren y éste la atrajo hacia su rostro por una de sus muñecas bruscamente, a lo que Mikasa solo permaneció, con la vista fija en sus ojos.

Los de Eren no pudieron separarse de los labios de ella, que con la respiración pesada, con las mejillas sonrosadas, permaneció cercana, sin moverse, en tanto Eren luchaba con sus ansias de hablar, de atraerla a la cama y permanecer todo el día en ella, con ella, por debajo de las sábanas, diciéndole lo inexpresable de formas no verbales.

Al fin ambos leyeron en el otro, como si todo se activase de manera automática, sin mediación de nada más que de su propio cuerpo y Mikasa bajó la vista, observando la mano de Eren sostenerla.

La tomó y la besó, ante la atónita mirada de él que no supo qué hacer más que alejarse, ante lo evidente. Mikasa lo sabía.

Su contacto fue eléctrico, no cabía describirlo más que de esa manera. No podía recordar haber visto entrenar a nadie con tanto interés como había observado entrenar a Mikasa. Annie lo atraía, tal vez, pero Mikasa lo fascinaba. Siempre lo hizo.

Admiraba todo en ella, desde niña. La manera en que lo defendía ferozmente, la fortaleza para soportar todos los momentos difíciles, su apoyo y su entrega en cualquier cosa que decidía... Si, Mikasa siempre había sido suya.

Y perdió por un segundo el miedo a decirlo y a que lo notara y de su boca surgió, como una especie de verborrea, lo que se había resistido tanto a que ella descubriese, pero que siempre había estado ahí, en el aire que compartían, en cada rayo de sol, cada gota de lluvia, cada palabra y cada lágrima. Lo que había dicho, sin decirlo textualmente, el día que dijo mientras estaban a punto de ser devorados por titanes, "Te pondré esta bufanda las veces que quieras, siempre, de ahora en adelante":

- Mikasa... Estoy enamorado de tí. Siempre lo he estado.

Mikasa no reaccionó en absoluto. Se limitó a permanecer con la mano de Eren en sus labios sin saber qué decir después, aunque ya estaba dicho todo.

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⏰ Última actualización: Dec 15, 2020 ⏰

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