relicaridad
En los intersticios de la cotidianeidad, un ánimo se halla enredado en querencias clandestinas, donde la mirada y el tacto se tornan portadores de turbación y secreto. Cada gesto, por nimio que parezca, presenta augurio y condena; cada aliento compartido, antes silente, se transforma en penitencia y llamas que carcomen sin espectador. Entre fingidos decoros y mandatos inapelables, el corazón se retuerce, oscilando entre el ardor furtivo del deseo y la inexorable mordedura de la culpa interior, mientras el mundo exige la máscara que oculta lo que en la carne arde y no halla sosiego.