LittleKalUP
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En la selva, el silencio nunca es absoluto.
No siempre ataca con ruido.
A veces el silencio se quiebra con el murmullo de insectos escondidos entre la humedad, con el crujir lento de las ramas viejas, con el respirar pesado de criaturas que no desean ser vistas.
Y otras... se rompe con gritos.
Gritos de desesperación.
De huida.
De supervivencia.
Aunque a veces espera.
Entre el agua espesa de un afluente oculto, el peligro también descansa bajo la superficie; la mayoría del tiempo, el río parece tranquilo: hojas flotando, insectos posándose, burbujas que subían lentamente como si la tierra respirara.
Pero debajo...
Un cuerpo interminable se desliza entre raíces sumergidas, con sus escamas gruesas, antiguas, marcadas por cicatrices que ningún humano ha visto antes y cada movimiento desplazaba toneladas de agua sin romperla del todo, como si la criatura entendiera el arte de no ser notada.
De pronto, el agua se agita sobre la superficie y explota, no hay lucha larga.
Solo un crujido y burbujas
Después silencio... y nada.
La selva respira otra vez.
Como si nunca hubiera pasado nada.
Como si simplemente hubiera reclamado lo que le pertenece.
Pero muy pronto, algunos humanos entrarán en ese mismo corazón verde creyendo que vienen a descubrir un milagro.
Sin saber... que la selva ya ha decidido quiénes podrán salir con vida.