JoskuKen
El tiempo obliga a los mortales a correr sin mirar atrás, a devorar los días sin detenerse a saborear lo que en ellos laten. Pero cuando los años se vuelven siglos y la memoria no concede descanso, el tiempo deja de ser un camino y se convierte en una herida.
Citlali le temía a la vida. A todo lo que implica permanecer, elegir, perder. Yaxkin, en cambio, había vivido lo suficiente para comprender cada una de sus formas... y desear, en secreto, que alguna de ellas la condujera por fin a la muerte.
La que teme brillar y la que ha visto amanecer demasiadas veces.
Su encuentro no fue un milagro.
Fue la prueba de que incluso la eternidad puede temblar frente a un corazón que aún late con miedo.