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Si algo no podía negarse en Piedras Negras era el gran amor que existía entre Pedro Múzquiz y su esposa Rosario, es muchos de los que estuvieron presentes en el baile de esa noche de verano afirman que una chispa se prendió en Pedro Múzquiz y Rosario de La Cuenca en el momento en que sus miradas se cruzaron, pues ese mismo día Felipe pido la mano de Rosario, porque no podía soportar la idea de irse esa noche sin la promesa que algún día la vería caminando de blanco hacia él en el altar.
El día de la boda se recuerda aún como el día más ameno en Piedras Negras, parecía como si Dios mismo estuviera presente en la boda para bendecirla. Todas las mujeres en la boda envidiaban a Rosario, no solo por su indudable belleza, si no porque era una de las pocas mujeres de su clase que tendría un matrimonio unido por el amor, una de ellas era Elena de la Garza, quien solo podía ver en ellos lo que no pudo tener con José.
De ese gran amor nació Pedro Múzquiz, y cuatro años después nació Catalina Múzquiz, una bebé que era la vida imagen de su madre, alimentando a su familia y a la haciendo de felicidad y amor. Pero ni la felicidad ni la tristeza duran para siempre, pues una vez que Remedios Múzquiz dio a luz a Cati, cayó enferma y nadie sabia porque, muchos decían que era porque los doctores ya le habían dicho que después de Pedro era muy riesgoso concebir otra vez, otros tantos decían que ella sabía que partiría temprano de este mundo y no soportaba dejar a Pedro sin un recuerdo vivo de ella.
Don Pedro no se dió por vencido y mandaba a traer médicos de todas partes, pero todos sus esfuerzos fueron en vano, pues tras 6 meses de su enfermedad una noche, mientras ella dormía con sus tres grandes amor en cama como ella les decía partió de este mundo con una sonrisa en los labios. Su partida dejó un vacío en el corazón de los Múzquiz, que incluso sus cuñados lloraron, pues nunca se había conocido un alma tan pura y tierna como la de Rosari