Escribafuch
Adolos, heredero de un linaje que lo prefiere perfecto antes que feliz, es conocido en la corte como el Príncipe Tiznado. No por la suciedad, sino por las sombras que carga: el sufrimiento de sus sirvientes, las culpas que no le pertenecen y el peso de una corona forjada con exigencias que nunca pidió. En un mundo donde su figura delicada provoca rumores y su temperamento heredado de su madre es motivo de burla, Adolos aprendió a erguirse incluso cuando su alma tiembla.
Y entonces, como una irrupción silenciosa en un palacio que respira control, llega él: el joven Shinnō de la nación japonesa. Un príncipe extranjero cuya presencia es tan impecable como su espada, tan respetada como su linaje. Donde Adolos arde en silencio, el Shinnō es hielo que observa, mide y... protege.
Los cortesanos no lo entienden, pero lo sienten:
cuando el Shinnō fija la mirada en Adolos, la atmósfera cambia.
Ya no son solo un príncipe europeo marcado por cenizas y un heredero japonés entrenado para la perfección.
Son dos astros condenados a encontrarse: uno que intenta no desmoronarse, y otro que parece dispuesto a sostenerlo incluso si el mundo entero lo llama deshonra.