LUX9597
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La casa olía a whisky y grosella negra. Ese aroma pesado, embriagador, se filtraba por cada rincón del piso principal como si el propio aire perteneciera a Taehyung. Jungkook, en cambio, apenas se atrevía a exhalar. Su propio aroma -duraznos maduros y miel cálida- se ocultaba bajo capas de miedo y sumisión, asustado de molestar.
Tenía casi veintiún años. Omega. Esposo de un alfa de veintisiete desde hacía exactamente diecisiete días.
Diecisiete días que se sentían como meses.
Antes de la ceremonia, Taehyung había sido... correcto. Frío, distante, pero correcto. Le abría la puerta del auto. Le servía el té sin mirarlo a los ojos. Le decía "Jungkook-ssi" con esa voz grave y educada que hacía que el pecho del omega se apretara de una esperanza estúpida. Jungkook había pensado que, al menos, el matrimonio arreglado le daría un techo lejos de las manos de su padre. Que tal vez el alfa que odiaba a su familia por la muerte de su hermana mayor no lo tocaría. Que podría respirar.
Se había equivocado.
-¿Cuántas veces te lo he dicho? -la voz de Taehyung cortó el silencio de la cocina como un cuchillo.
Jungkook se sobresaltó. Estaba de rodillas frente al refrigerador, intentando acomodar los frascos de mermelada que se habían caído cuando el alfa golpeó la mesa minutos antes. Sus dedos temblaban. El borde de su labio inferior aún ardía por el golpe de esa mañana.
-L-lo siento, alfa... -susurró, sin atreverse a levantar la mirada.