hopelessliar
Saruhiko observó a Misaki, estático, entre tantos otros que corrían a socorrerlo el castaño estaba en trance, uno rojo entre tanto azul. Uno diferente, entre tantos parecidos e iguales, uno que sobresalía con la fuerza de los cristales dorados brillando en el ámbar de sus ojos.
¿Era muy tarde para reconstruirlo todo otra vez? Porque Misaki levantaría pieza por pieza hasta volver a formar lo que eran. Un poco desgastado, quizá viejo, algo roto también; pero eran ellos al fin y al cabo. Nunca había querido nada más que eso.