juana-rodriguez
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Dicen que hay personas que llegan a tu vida para quedarse...
y otras que, aunque intenten irse, nunca se van del todo.
Yo no sé en qué momento empezó nuestra historia.
No tengo una fecha exacta, ni un recuerdo puntual al que pueda volver y decir: acá fue.
Porque la verdad es que nosotros no empezamos.
Nosotros... siempre estuvimos.
Crecimos en las mismas casas, entre risas compartidas y familias que se sentían una sola. Éramos dos chicos más corriendo sin pensar en el futuro, sin saber que, sin darnos cuenta, ya estábamos formando parte del del otro.
Pero hay cosas que uno no entiende cuando es chico.
Las miradas que duran un segundo más de lo normal.
Las palabras que parecen un juego... pero no lo son.
Las promesas dichas en voz baja, como si no importaran.
-Algún día me voy a casar con vos.
Yo me reía cada vez que lo decía.
Porque en ese momento, el amor era solo una palabra grande que no significaba nada.
Hasta que la vida me enseñó lo contrario.
Tuve que perderme para entenderme.
Tuve que equivocarme para aprender.
Tuve que romperme... para poder reconstruirme.
Y en medio de todo eso, cuando todo parecía desordenado, cuando ya no sabía en quién confiar ni en qué creer...
vos seguías ahí.
No como antes.
No de la misma forma.
Pero tampoco te habías ido.
Como si el tiempo no importara.
Como si, de alguna manera, supieras que todo iba a llevarnos al mismo lugar.
Y tal vez tenía que pasar todo lo que pasó.
Tal vez tenía que doler todo lo que dolió.
Porque cuando finalmente volví a mirarte...
cuando entendí lo que realmente significabas en mi vida...
no sentí que estaba empezando algo nuevo.
Sentí que estaba volviendo a casa.
Y fue en ese momento, sin dudas, sin miedo, sin mirar atrás...
cuando tomé la decisión más importante de todas:
Elegirte.