_Oz_M_
Ciudad de México, 2025.
El Castillo de Chapultepec despierta con las ventanas abiertas. No guarda reliquias ni repite discursos del pasado: respira. Es hogar, es poder, es símbolo. Desde ahí, una familia ha acompañado a México no desde la distancia, sino desde la cercanía.
En este país, la Corona no se sostiene por miedo ni por imposición. Se sostiene por algo más frágil y más poderoso: el afecto de su gente.
La monarquía mexicana no es un vestigio detenido en el tiempo. Ha estado presente mientras la ciudad crecía hacia el cielo, cuando el país gritó victorias y también cuando tuvo que aprender a levantarse. Ha visto a México cambiar... y ha cambiado con él.
Aquí, la tradición no es una jaula: es un impulso.
Aquí, el poder no se hereda solo por sangre, sino por responsabilidad.
Mi nombre es Ximena.
Y algún día, todo este peso será mío.
No como una reina distante, sino como la heredera de un pacto silencioso entre el trono y una nación entera. Un pacto hecho de lealtad, decisiones difíciles y renuncias que nadie aplaude.
Esta es una historia sobre poder que no siempre se ejerce en público.
Sobre el deber cuando choca con el deseo.
Sobre lo que ocurre cuando lo personal se vuelve político... y el corazón no entiende de protocolos.
Este no es un México imaginado.
Es el México que pudo ser.
Y quizá, el que aún está a tiempo de existir.