Dianailyn
- Reads 6,595
- Votes 702
- Parts 31
La casa llevaba años abandonada, al menos eso es lo que yo recuerdo. Nunca antes había sido habitada, al menos no en mis cortos años de vida. Nadie se acercaba. No por miedo declarado, sino por esa clase de incomodidad heredada que no necesita explicación. Las ventanas siempre parecían mirarte. El bosque que la rodeaba parecía tan silencioso; incluso los pájaros parecían callarse alrededor de aquella casa. Sin embargo, yo nunca le tuve miedo. Al contrario, sentía una curiosidad que no puedo explicar, aunque nunca me acercaba.
Un día, finalmente, la curiosidad ganó sobre la razón. Aquel motivo parecía más un pretexto cuando decidí entrar sin permiso.
Grave error.
Mi corazón sube a la garganta. No sé si es el sonido tan fuerte en el silencio, no sé si es el miedo o quizá la mano que se cierra alrededor de mi brazo con fuerza.
No me toma: me captura, y el dolor llega de inmediato, provocando un pequeño grito de sorpresa.
-Entrar sin permiso -dijo- siempre tiene consecuencias- asegura.
Sus ojos bajan al suelo. A los restos del jarrón. Los fragmentos brillaban como hielo roto.
Una media sonrisa aparece en sus labios.
-Ese jarrón -añade- era irreemplazable-
Trago saliva.
-Yo... lo siento... pensé que no vivía nadie aquí... puedo pagarlo... de verdad...-
-No -responde con calma- No puedes-
No es arrogancia. Era certeza. Como si conociera mi situación económica y la de mi familia, su tono de voz y sus palabras son casi como si fuéramos viejos conocidos que conocen todo del otro.
Se acerca medio paso más y el aire se vuelve más frio. No huele a sudor ni a perfume, huele a invierno.
-Invadiste mi casa- continúa- Tocaste lo que es mío, rompiste lo que es mío- me reprende cual padre a un hijo.
Su mirada vuelve a mis ojos mientras mi quijada tiembla. No me da miedo que llame a la policía, me da miedo que no lo haga.
-Eso te hace mía- concluye para mi enorme sorpresa, provocando que parpadee rápidamente tratando de comprender lo que dijo.