DosGatosEscritores
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En aquellos momentos no sabía que era lo que más me dolía, si el pecho acusando el esfuerzo de mis pulmones tratando de atrapar desesperadamente todo el oxígeno posible para no desmayarme ahí mismo o las rodillas, las cuales me había destrozado al saltar al otro lado de la valla.
Rezando a todos los dioses existentes abrí la mochila, descubriendo con espanto que todo el contenido del inhalador se había esparcido por los libros y cuadernos. La cabeza comenzó a darme vueltas, el mundo se inclinó y me sentí caer hacia un lado... Sin embargo unos cálidos brazos evitaron que me golpeara antes de que la oscuridad lo invadiese todo.