Loveuliva
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era el morado: un laberinto de versos, promesas a medio editar y una intensidad que no sabía cómo aterrizar. Yo era el azul: la calma, la fe y la transparencia de quien cree en lo eterno. Dos frecuencias distintas intentando hablar el mismo lenguaje en un verano que se nos escapó de las manos. Esta no es solo una historia de amor; es el relato de cómo una chica teñida de azul aprendió que no todos los colores están destinados a mezclarse para siempre.