Dhamsideb
Violet pensó que amar siempre venía con instrucciones claras.
Hasta que conoció a Steve.
Hasta que entendió a Robin.
Y hasta que se dio cuenta de que el corazón no funciona como una línea recta, sino como una cinta que se gira, se rebobina y vuelve a sonar diferente cada vez.
Con ellos, Violet reconoció por fin
aquello que siempre había buscado sobre el escenario: esa libertad que no exige máscaras, que abraza sin apretar,
que te sostiene sin pedirte que actúes.
Una sensación extraña y luminosa,
como estar bajo las luces sin miedo,
como no tener que fingir seguridad
porque, por primera vez, ya la sentía completa.