talachas
A los veinte años, la vida no se siente como un comienzo, sino como el eco de algo que ya se rompió.
Tras casi cuatro años de silencio, Jungkook habita la cotidianidad en modo automático; sus días transcurren entre el ruido sordo de los vagones del tren y el peso invisible de un guion familiar que detesta, pero que cumple para no desmoronarse. Su único refugio es mantener el mundo a una distancia prudente, respirando despacio para no molestar a nadie.
Entonces, Taehyung vuelve a aparecer.
Pero el niño que compartía sus tardes de infancia ya no existe. En su lugar hay un extraño blindado por un ego implacable, una confianza desmedida que raspa y una mirada que exige una atención que Jungkook no quiere darle. Su reencuentro no es un cálido abrazo nostálgico; es una colisión incómoda, íntima y puramente cerebral. Es el roce constante de dos personas que se conocen demasiado bien como para mentirse, pero que están demasiado heridas como para dejarse ver.
A través de los pequeños e insignificantes momentos de los días comunes, se cocina una fascinación inevitable y destructiva. Una tensión donde la necesidad de control de Jungkook choca contra los hilos invisibles de la culpa de Taehyung. Porque detrás de la arrogancia de su viejo amigo, en el fondo de sus ojos, habita el fantasma de un suicidio que lo cambió todo, una tragedia que huele a ceniza y que amenaza con quemar el frágil y silencioso refugio que están intentando construir juntos.
Esta es una crónica sobre el dolor de crecer, el egoísmo de necesitar a alguien y la ridícula y hermosa esperanza de encontrar un lugar donde pertenecer, aunque todo lo demás esté roto