Ultravioleta95
sus labios mojados rosaron mi oído quitándome los latidos del corazón. Mis piernas temblaban y mis manos sangrantes apretaban con demasiada fuerza las manillas. Su exhalación chocaba en mi oído, era lenta y estaba cargada de satisfacción. Él lo disfrutaba.
Yo iba a morir.
Él me mataría.
De repente sus manos se presionaron a los lados de mi cabeza haciendo que me sobresaltara. Abrí los ojos con el horror instalado en mi pecho...
Sus manos estaban cubiertas de sangre fresca, sus uñas se teñían de carmesí, las gotas de sangre se deslizaban por su pálida piel, y el olor a hierro llegaba hasta mis fosas nasales. Mi estómago se revolvió. Lloré silenciosamente, nunca había experimentado tal grado de pánico.
Él era el único capaz de matarme en vida.
"¿Ya estas feliz?" me susurró al oído.
Yo cerré los ojos.
"¿Ya estas feliz de haberme dicho que me amabas y después intentar asesinarme?"