Putipaste
La mañana de ese día era fría, el cielo se oscurecía cada minuto, el mar embravecido como nunca lo había visto, los cangrejos huyendo de nuestras rápidas pisadas y como olvidar esos gemidos de cansancio que la acompañaban, corrimos toda la playa de un extremo a otro sin decir una palabra, recuerdo sus claros ojos tristes, manteniendo la mirada fija en el camino, su cola de caballo dando ligeros golpes a su cara y con esas ganas de escupirle su odio al mundo.