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El matrimonio no es como lo pintan en las películas; te casas con el amor de tu vida y tienen una vida feliz con muchos hijos en una enorme casa.
No, la realidad del matrimonio es otra.
Puedes casarte con la persona que amas, pero este sentimiento puede ser mutuo o no; son felices en un principio, pero con el tiempo esa felicidad puede irse deteriorando debido a las constantes peleas o desacuerdos, y muchas veces eso puede terminar en divorcio o en un matrimonio infeliz.
Tienen hijos, pero estos pueden o no tener el amor de ambos padres, además de sufrir el estrés y la inseguridad de vivir entre tanta tensión.
Pueden habitar en una enorme casa que por fuera parecerá sacada de los cuentos de hadas, pero por dentro está llena de gritos, lágrimas, quizá golpes y corazones rotos.
El matrimonio puede o no ser una condena; lo que define su futuro son las acciones y decisiones de cada uno. Buenas o malas, de algún modo te llevan a donde quieres estar, pero no siempre es lo que imaginabas.