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Las Ruinas del Silencio
A veces, la oscuridad no es el lugar donde uno se pierde... sino donde uno nace.
Rafe Cameron no recordaba exactamente cuándo dejó de ver el mundo con colores. Solo sabía que desde hacía años todo se sentía nublado, como si sus días fueran vividos bajo una tormenta que jamás se disipaba. Su madre había muerto cuando él aún no sabía qué era el duelo, y cuando aprendió lo que era, ya era tarde: su rabia lo había devorado.
Creció entre mansiones frías y expectativas más duras que el mármol que decoraba la entrada de su casa. Su padre, un hombre de negocios imponente, veía los sentimientos como debilidad y las caídas como fracasos imperdonables. Sus hermanas intentaron, pero eventualmente dejaron de mirar. Rafe se convirtió en un espectro errante en su propia familia.
Se refugiaba en lo peor de sí mismo: sustancias, violencia, rabia... y culpa. Hasta que llegó ella.
Malory.
Con un acento suave, como una canción en otro idioma. Cabello castaño que capturaba la luz del atardecer. Ojos que no lo juzgaron, sino que lo vieron. Malory no huyó cuando él se mostró roto, ni intentó arreglarlo. Solo lo acompañó en su proceso. Y fue eso, su presencia incondicional, lo que encendió la chispa.
Él se volvió otra persona, no por ella, sino por lo que ella despertó en él: la certeza de que era posible cambiar, que aún era digno de amor, de esperanza, de futuro.
Pero los secretos no desaparecen por amor. La familia Cameron era una telaraña, y mientras Rafe salía de la oscuridad, su hermana Sarah se adentraba en ella. Un tesoro escondido, alianzas rotas, misterios bajo las olas... El pasado que creía muerto, estaba a punto de volver a cobrar vida.
Y esta vez, Rafe no dejaría que la oscuridad se llevara a nadie más.