yessica_godoy
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Konoha no olvida, pero sobre todo, Konoha no confía.
Sasuke Uchiha no regresó como un héroe, sino como un arma que nadie sabía dónde guardar. Las celdas subterráneas de la división de inteligencia eran demasiado frías para un hombre que había quemado el mundo, pero el complejo Uchiha, ahora rodeado de barreras invisibles y sellos de supresión de chakra, se sentía como una tumba más elegante.
-No podrás salir de los límites de la propiedad. No podrás moldear chakra. Y, sobre todo, no estarás solo -la voz de Kakashi resonaba en la estancia vacía, despojada de su habitual tono relajado.
Sasuke, sentado en la penumbra con los ojos vendados -una medida temporal para estabilizar su visión post-guerra-, dejó escapar una risa seca, carente de humor.
-¿Un carcelero en mi propia casa? ¿A quién han enviado para morir primero, Kakashi? ¿A un ANBU? ¿A Naruto?
-A alguien que no te tiene miedo, pero que tampoco te tiene odio -respondió el Sexto Hokage, mirando hacia la puerta donde una figura esperaba en silencio-. Sasuke, tu redención no es un camino que vayas a recorrer solo. Ella será tus ojos mientras los tuyos sanen, y será tu sombra hasta que el Consejo decida que dejas de ser una amenaza.
Sasuke apretó los puños. Odiaba la debilidad. Odiaba la piedad. Pero lo que aún no sabía era que esa presencia silenciosa, que apenas desprendía un rastro de lavanda en el aire viciado de la casa, terminaría convirtiéndose en la única cadena que nunca querría romper.