YarumiPaloma
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Nací creyendo que el sexo era la respuesta absoluta. Problemas, tensiones, discusiones... todo podía resolverse con un cuerpo ardiendo sobre otro, con jadeos y pieles fundiéndose en la desesperación del deseo. Reconciliación... ¡sexo! Dolor... ¡sexo! Pero mi visión del mundo se hizo pedazos cuando conocí a mi tío Taehyung.
Sus ojos eran dos abismos oscuros que devoraban cada centímetro de mi alma con una simple mirada. Me desnudaba sin tocarme, me incendiaba sin decir una palabra. Y su estatura... ¡Dios mío! Si el pecado tuviera forma humana, sin duda sería él. Gracias, universo, por esta obra maestra de carne y tentación.
Pero esto no terminó ahí...
Luego apareció el señor Min, el director del internado. Un hombre con la misma intensidad devoradora que mi tío, aunque con un aura mucho más oscura. Taehyung era fuego, pero el señor Min... él era el mismísimo abismo. Su estatura no imponía tanto como la de Tae, pero cuando sus manos me atrapaban, cuando su aliento rozaba mi piel, sentía que caía directo al infierno. Había algo perverso en él, algo que me perturbaba y a la vez me atraía como un maldito imán.
Porque, al final, nada es perfecto. No importa cuánta lujuria te rodee, cuántos cuerpos se enreden en el tuyo. La vida siempre encuentra la manera de volverse una mierda. Y lo peor de todo no es el deseo, sino la traición. Porque ¿de qué sirve poseerlo todo si, al final, lo único que obtienes es una daga en la espalda?
A veces me pregunto si la lujuria y el impulso son nuestros peores enemigos, esos demonios invisibles que nos arrastran al borde del abismo. Y peor aún... ¿qué pasa cuando te enamoras de la persona equivocada, aquella que estaba destinada a destruirte?