Patonico
¿Quién es el verdadero dueño? ¿El que marca la piel o el que habita la cabeza?
Nicolás pensó que la perdería en manos de un chico de gimnasio. Pilar pensó que nunca saldría de su caparazón. Juntos, descubrieron que la perfección es aburrida y que no hay nada más excitante que la traición consentida. Ella trajo los pecados de sus vacaciones grabados en la piel, y él está dispuesto a devorarlos todos.