Devon_Marquez
Hay silencios que matan. Silas tenía ocho años cuando se quedó congelado en un rincón, viendo cómo su tío ahogaba los gritos de su hermana pequeña, Clara, hasta dejarla sin vida. Pero en esa casa la verdad no le importaba a nadie. Su madre, ahogada en alcohol y arrastrando sus propios demonios, prefirió tirarle la culpa a un niño asustado antes que admitir al monstruo con el que compartía techo. Sin pruebas, sin análisis, sin un gramo de piedad: a Silas lo encerraron en una correccional para purgar un crimen que no cometió, sobreviviendo años entre mierda, golpes y el recuerdo helado del sombrero de lana de su hermana.
Hoy tiene 16 años y está en la calle. Su tía Marta le ofrece una cama limpia, un uniforme escolar y la mentira de una vida normal. Silas finge que escucha, pero por dentro solo le queda una razón para seguir respirando: rastrear a su madre, dar caza a su tío y cobrar cada maldita gota de sangre.
El problema es que de ese infierno no salió solo. Pegado a su nuca, el Unicorn Hat cobra vida. No es un pensamiento; es una presencia física, una sombra pesada y helada con la forma del sombrero de Clara que le aplasta las sienes, le corta el aire y le susurra al oído que no importa a cuántos mate para vengarse: la culpa de haberla dejado morir lo va a perseguir hasta el puto infierno.