Mariia_0r
La mayoría conocía la historia de Harry Potter: el niño que sobrevivió.
Pero lo que casi nadie sabía era que junto a él, en aquella fatídica noche en Godric's Hollow, también sobrevivió su melliza: Abigail Potter.
Desde pequeños en Privet Drive, los Dursley no soportaban su desparpajo. Mientras Harry agachaba la cabeza, Abby sonreía con picardía y encontraba formas de burlar las órdenes de su tía Petunia. No era raro que, cuando algo inexplicable ocurría en la casa, culparan a Harry... aunque más de una vez la responsable había sido Abigail, que aprendió rápido a cubrir sus huellas.
En Hogwarts, el Sombrero Seleccionador no tardó ni medio minuto en gritar "¡Gryffindor!" para ella. Aunque era astuta, su fuego interior y su valentía la definían mejor que nada. Abby no quería ser la melliza del chico famoso, quería ser recordada por sus propios méritos.
Y lo logró: era la primera en levantar la mano en clase, la que se reía en plena cara de las advertencias de Snape, la que se escapaba de noche por los pasillos con una sonrisa traviesa. Harry, siempre más prudente, no podía evitar ponerse en modo protector con ella, aunque Abigail tenía la manía de lanzarse a la aventura sin esperar a nadie.
Pero en quinto año, algo empezó a cambiar.
El chico que había sido su sombra oscura desde el primer día en Hogwarts, Draco Malfoy, ya no le parecía solo el arrogante que tanto había detestado. Algo en su mirada, en sus palabras, empezaba a revolverle el estómago de una forma extraña. Y ese era un problema: porque Malfoy seguía siendo, oficialmente, su enemigo.