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- Mi tío me contó que se regala una peineta cuando se está enamorado - le siguió Ling, desviando la mirada, comenzando a jugar con su pie, moviéndolo de un lado a otro sobre la tierra, mientras se mordía el interior de sus mejillas.
Zizhen frunció el ceño, confundido. ¿Lo sabían? Luego se sorprendió, percatándose de lo que significa.
- ¡¿Los tres?!
Sizhui bajó la mirada, torciendo la boca repetidamente, avergonzado. Ling fingió que algo en el suelo había capturado su atención. Solo Jingyi se irguió cuan alto era, con una sonrisa enorme en su rostro, como un cachorrito al que elogiaban.
El corazón de Zizhen se saltó un latido, y fue consciente de que la sangre le subía a los pómulos.
- Oh... - fue lo único que pudo decir.