Buttermbi
Giyuu cerró los ojos, regulando la respiración cuando Sanemi entró a la habitación. Hubo movimientos: el roce de la tela, el golpe seco de la ropa arrojada al cesto.
Luego, un cuerpo se deslizó hasta quedar tendido a su lado, dándole la espalda.
Sanemi no dijo nada, ni siquiera buenas noches; ya no lo hacía. Giyuu quiso pensar que era porque creía que dormía, que no quería molestarlo. Pero hacía tiempo que había dejado de aferrarse a esa mentira.
No cuando podía percibir el perfume ajeno impregnado en su piel, ni cuando alcanzaba a ver, en destellos breves, chupetones y marcas de mordidas en lugares fáciles de ocultar.
No cuando entre ellos no había pasado nada en meses.
Giyuu lo sabía... y aun así, no decía nada. Cerraba un ojo para no verlo y dejaba el otro abierto, solo para que Sanemi lo notara.