aka727
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En un mundo que sobrevivió a su propia ruina, el orden no nació de la justicia, sino de la necesidad.
Las catástrofes no solo destruyeron ciudades: también torcieron los principios. Allí donde vivir exige decisiones crueles, la moral deja de ser certeza y se vuelve una carga. En un lugar así, las convicciones pueden parecer irreverentes... y el poder, inevitable.
Pero el poder nunca llega como salvación.
Llega como una pregunta.
Tener la capacidad de decidir sobre la vida no significa comprender su valor. En manos equivocadas, el poder no es una herramienta: es una amenaza que crece cada vez que alguien evita el peso de sus actos.
La verdadera grandeza no está en dominar el mundo, sino en seguir siendo uno mismo cuando cambiarlo exige renunciar a lo que te define. Porque toda decisión tiene un costo, y la sangre -visible o no- siempre reclama a quien la derrama.
Matar puede ser fácil.
Ignorar el precio, aún más.
Pero la pregunta permanece:
Si posees el poder de matar,
¿posees también el valor de morir?
Al final, no es el poder lo que define a una persona,
sino si decide cargar con las consecuencias...
o convertirse en aquello que juró destruir.
Hecho solo con fines de entrenamiento: ahora si hecho para contar una historia.
Versión re: diseñada (y más accesible)