damiankova
Ella es una cicatriz con ojos, él un imperio con hambre de destrucción. Nadie pidió que se cruzaran. Nadie imaginó que sobrevivir al otro sería más difícil que morir por el enemigo.
Camila Páez nunca tuvo miedo. Ni de la muerte, ni del dolor, ni del abandono. Hasta que su nombre quedó atado al apellido Volkov. Hasta que Eizer -el heredero de una mafia construida sobre cadáveres, traiciones y silencios- hizo de su vida una guerra personal. Él la quiso lejos. Ella lo empujó al borde. Él la mandó a destruir. Ella devolvió cada ataque con fuego.
Lo que empezó como una venganza tejida en la oscuridad, terminó convirtiéndose en una guerra íntima donde las balas no eran tan letales como las miradas, y las cicatrices más profundas no se veían. Camila sangra pero no llora. Eizer mata pero no olvida. Y cuando ambos son obligados a convivir, a sellar con un contrato lo que jamás pidieron, comienza el verdadero infierno: el de los límites rotos, el de las palabras que cortan más que navajas, el del deseo mezclado con odio.
En un mundo donde el amor es debilidad y la lealtad se compra con sangre, esta no es una historia de redención. Es una danza entre dos monstruos, una caída sin frenos hacia lo más jodido del alma humana. Aquí nadie se salva. Aquí se sobrevive. O se muere queriendo tocar lo que no se debe.
No era una historia de enemigos. Era una trampa tendida por el destino para ver qué pasa cuando juntas dinamita con un fósforo mojado en gasolina.
Hay casas que esconden cadáveres. La de ellos es peor: oculta todo lo que no pudieron decirse sin romperse.
No hay redención, ni dulzura, ni tregua.
Solo dos bestias encerradas en el mismo infierno...esperando a ver quién cae primero.
Esto no es romance. Es veneno. Es hambre. Es locura disfrazada de autocontrol.
Si entras, te va a doler.
Si te quedas, vas a temblar.
Y si terminas el libro... probablemente no vuelvas a amar igual.