palomadelmercado
En el fragor del evento de intercambio, cuando el velo arrebató a Satoru Gojo del campo de batalla, las maldiciones creyeron haber ganado un instante eterno de gloria. El caos reinaba, y la esperanza parecía diluirse en la penumbra...
Pero entonces... el mundo tembló.
Una grieta en el velo se abrió como una herida luminosa, y de ella emergió un hombre imposible de ignorar: cabello plateado ondeando como fuego lunar, gafas tintadas en un rojo incandescente, sonrisa tallada en soberbia. Su sola presencia rasgó el aire; su andar, lento y medido, era el sonido mismo de un veredicto.
Las maldiciones lo sintieron. No era un aliado. No era un salvador. Era algo peor: un depredador con porte de rey.
Y con un chasquido... apenas un susurro en el tiempo... la realidad se partió en pedazos. El velo se desmoronó como vidrio bajo un martillo, y el campo quedó desnudo ante él.
Hanami, a punto de expandir su dominio, se encontró de frente con aquella figura. El silencio pesó como una sentencia. Yuji Itadori y Aoi Tōdō apenas respiraban, incapaces de comprender si estaban presenciando un milagro... o el nacimiento de una catástrofe.
Entonces, la voz del intruso se alzó. Sarcástica, venenosa, arrogante:
"¿Un jardín? ...Vaya. Qué conmovedor. Lástima que olvidaste traer flores de verdad."
Y con esa burla, el campo de batalla dejó de pertenecer a las maldiciones. Había cambiado de dueño.