Santiagoestevez0
El miedo es una presencia silenciosa que nace con nosotros y muere con nosotros. Se oculta bajo la piel, entre los latidos, en el lugar donde las palabras no llegan. A veces es un susurro, otras un grito que no se atreve a salir. Pero siempre está ahí, vigilante, respirando en el mismo ritmo que la vida.
En una historia se habla de un ser que no solo entiende el miedo, sino que lo domina como si fuera una extensión de su propio ser. Una criatura sin nombre verdadero, pues ninguno lo a descubierto. Dicen que no camina: se desliza entre las grietas de la mente. Dicen que no observa: penetra en el alma como un recuerdo que nunca existió.
Su poder es tan profundo que puede adoptar la forma de aquello que más aterra a cada individuo, moldeando su cuerpo como arcilla hecha de pesadillas. Para algunos se presenta como una silueta que avanza entre la niebla, tan alta que parece rozar el cielo. Para otros, como un montón de extremidades retorcidas que no deberían existir.
Hay quienes lo describen como una figura humanoide, sin rostro, cuya sola presencia paraliza la voluntad; y quienes solo recuerdan un par de ojos, verdes esmeralda, demasiado cercanos, demasiado conscientes. Lo cierto es que nadie lo ha visto dos veces. Sus testigos jamás coinciden en la misma descripción.
Y es precisamente por eso que se dice que encontrarse con él es encontrarse con la muerte... o con una versión peor. No ataca, no persigue, no necesita alzar una garra. Solo aparece, y el miedo hace el resto: primero invade la mente, luego quiebra el corazón, finalmente consume el espíritu. La víctima termina perdida en un laberinto de visiones que nacen de su propio terror, incapaz de distinguir la realidad de la pesadilla.
Porque el miedo siempre está presente en todos Incluso en aquellos que lo portan.