TATISPARADA02
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En las sombras de un mundo fracturado por guerras invisibles y lealtades compradas con sangre, nace una figura que no pertenece ni a la luz ni al infierno.
Durante años fue Cerberus: el guardián implacable, el monstruo de tres cabezas que -como el perro del Hades en la mitología griega- vigilaba las puertas del abismo e impedía que nadie escapara. Ejecutó órdenes, sofocó traiciones y convirtió el dolor en disciplina. Cerberus no dudaba. No sentía. No perdonaba.
Pero incluso los guardianes del inframundo pueden ahogarse en su propia oscuridad.
Cuando las grietas comienzan a abrirse dentro del sistema que juró proteger, Cerberus deja de ser un símbolo de control y se convierte en una amenaza para quienes lo crearon. Entonces emerge Rusalka: no como redención, sino como metamorfosis. Como las rusalkas del folclore eslavo, espíritus de agua que seducen y arrastran a los hombres hacia las profundidades, ella no necesita fuerza bruta para destruir; le basta con atraer, observar y esperar el momento exacto para hundirlos.
Ya no custodia el infierno. Ahora lo crea.
Entre conspiraciones militares, lealtades rotas y un pasado que respira bajo la superficie, la transición de Cerberus a Rusalka no es un cambio de nombre, sino de naturaleza. De guardián a depredador. De arma a voluntad.
Porque cuando el monstruo deja de proteger la puerta... ¿quién detiene lo que emerge desde adentro?