JeonRomina
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🥀La casa Solvane siempre había sido un santuario... y a la vez una prisión.
🥀En su sótano, húmedo y demasiado vasto para ser un simple depósito, T/n vigilaba el ataúd de mármol que había atormentado a su familia durante generaciones.
🥀Nadie había dicho jamás de quién era.
Nadie había explicado por qué lo custodiaban.
Nadie había revelado qué dormía dentro.
🥀Pero todos lo sabían.
Todos menos ella.
🥀Lo único que conocía era el deber: vigilar.
🥀Vigilar sin preguntar, sin dormir, sin fallar.
🥀Vigilar como lo hicieron sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos... todos marcados por la misma herencia: mantener cerrada la tumba de un mal tan antiguo que ni la iglesia se atrevía a pronunciar su nombre.
🥀Pero T/n estaba cansada.
🥀Cansada del frío.
Cansada del silencio.
Cansada de cuidar algo que no respiraba, que no se movía, que parecía muerto desde hacía siglos.
🥀Aquella noche, por primera vez, sintió que el deber era absurdo.
🥀Y cuando el sueño le pesó más que la tradición... subió las escaleras.
🥀El instante en que dejó la reliquia sin vigilar, su luz se apagó... y con ella, todos los Solvane.
🥀T/n no solo falló: extinguió a su propia raza.
🥀Ahora es prisionera. Alimento.
Una reliquia viviente, igual que aquel que dormía eternamente.
🥀Fue reducida, castigada, condenada a ser el recordatorio de su mayor pecado.
🥀Desde entonces vive con el peso de saber que todo comenzó con ella.
🥀Que la extinción de su linaje fue su culpa.
Que la humanidad perece por haberla perdido.
🥀Y que su sangre, la última sangre Solvane, es ahora lo más preciado, lo más codiciado... y lo más peligroso del mundo.
🥀Pero cuando los sobrevivientes humanos susurran un secreto prohibido, un nombre que jamás debió existir...
🥀T/n descubre que quizá no fue la única en escapar de la muerte.
🥀Y que su error no marcó el final de una historia... sino el inicio de una guerra.