SabakunoAmbar
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Rin permaneció en silencio, absorbiendo cada palabra. El peso de su propio cuerpo sobre la camilla le parecía ajeno, como si ya no le perteneciera del todo.
De pronto, una figura femenina que había permanecido al fondo avanzó hasta colocarse directamente frente a él. Su presencia era autoritaria, calmada y profesional.
-Durante las siguientes cuatro semanas se le practicarán tres cirugías mayores y siete procedimientos externos por las metástasis que hemos descubierto hasta ahora -explicó con claridad-. Es probable que encontremos más durante las intervenciones, lo que significaría cirugías adicionales. Es mejor que se acostumbre a la idea desde ahora. Yo me encargaré personalmente de las radiaciones, quimioterapia e inmunoterapia. El tratamiento será agresivo y será difícil. Debe estar preparado mental y físicamente. Yo supervisaré todos sus procedimientos, incluyendo el de hoy con el doctor Cano. Eso significa que todos los cirujanos en esta habitación responden ahora ante mí. Bienvenido al pabellón de cáncer, joven Itoshi.
La doctora se dio la vuelta y salió de la habitación con paso firme, dejando tras de sí un silencio cargado. Los demás médicos intercambiaron miradas antes de comenzar a preparar los instrumentos y explicaciones adicionales.
La doctora se dio la vuelta y salió de la habitación con paso firme, dejando tras de sí un silencio cargado. Los demás médicos intercambiaron miradas antes de comenzar a preparar los instrumentos y explicaciones adicionales.
Rin cerró los ojos, exhalando lentamente.
En su mente resonaban los ecos del campo, el sonido del balón contra el césped, los gritos de sus compañeros y el rostro sonriente de Bunny bajo la luz de la luna en Barcelona. Todo parecía tan lejano ahora. El cáncer no respetaba egos, ni rivalidades, ni amores rotos. Solo avanzaba, silencioso y voraz. Y aunque el orgullo le impedía pedir ayuda, una pequeña parte de él -enterrada muy hondo- se preguntaba si alguien