a_arlequin
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Ni siquiera se esforzó en ocultar el hecho de inclinarse un poco más e inhalar profundo la plétora del aroma ajeno, la azúcar quemada, el chocolate y la miel, también había el característico aroma a leche suave de ambos cachorros, pero allí debajo del olor a comida, del calor que exudaba el omega, estaba él.
Los aromas que reconoció como propios, estaban las hierbas y el olor a fogata, y apenas, muy leve el cobre de la sangre que no se había sentido en sí mismo hasta que tuvo conocimiento de los vecinos que vivían cerca.
-¿Acabas de olerme? - preguntó en voz baja y tuvo que abrir los ojos y mirar el perfil de Will. Las pestañas largas y oscuras que revolotearon contra las mejillas, los labios suaves y claros, la nariz perfilada y los ojos aguamarina que se negaron a devolverle la mirada.
Hannibal dio otro paso más cerca, pegando casi por completo su cuerpo al más esbelto y tomó otra calada. -Difícil de evitar- las palabras salieron antes de siquiera pensarlas, pero tenían su grado de verdad.
Era verdaderamente difícil ignorar el aroma fuerte a omega gestando que provocaba un remolino en su estómago.