bookstanny
Se dijo, y se creyó, que el príncipe Lucerys Velaryon, adorado vástago de la princesa Rhaenyra Targaryen y legítimo heredero de Driftmark, había encontrado su fin en los cielos airados sobre el Borradura. Su dragón, Arrax, joven y valiente, fue despedazado por la inmensa Vhagar, bestia ancestral que cabalgaba su tío, el príncipe Aemond el Tuerto. Se vio al niño y su montura caer del firmamento como un cometa húmedo, tragados por las fauces espumosas del mar. Lloró la princesa y clamó venganza, y el reino asumió que otro alma dulce se había perdido en la Danza de los Dragones.
Mas los hados, caprichosos y crueles, tejían otro destino. No fue el ahogado quien reclamó al joven Lucerys, sino la marea misma, que lo escupió, quebrantado y vacío, en una playa lejana de los Reinos de la Tormenta. Hallado por pescadores que reconocieron el destrozado jubón con las insignias de la Casa Velaryon, el niño respiraba, pero la luz de su entendimiento se había apagado. La caída, la sal, el terror; todo había barrido el castillo de su memoria, dejando salones desiertos y pasillos en silencio. No recordaba su nombre, ni el rostro de su madre, ni el rugido de su dragón, ni la enconada mirada de su asesino.
Su supervivencia, un milagro en un principio, pronto se reveló como una nueva y siniestra pieza en el tablero de hierro del poder.
Y mientras dragones chocaban en los cielos y ejércitos marchaban por la tierra, el destino de Lucerys Velaryon pendía de un hilo más tenue que un recuerdo, en un juego en el que los tronos se ganan con fuego y sangre, y las almas, con mentiras y sombras.