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Cruzar la línea es una historia sobre lo que nunca pasó, pero marcó para siempre.
Alma Ferreyra creyó que todo era simple: un grupo de amigos, risas compartidas, silencios que no parecían peligrosos. Guido, en cambio, entendió antes. Entendió que había sentimientos que no estaban permitidos, que algunas líneas no se cruzan sin romper algo en el intento.
Años después, Alma mira hacia atrás y reconstruye lo que no supo ver en ese momento: las miradas evitadas, las decisiones tomadas en silencio, el amor que nadie se animó a nombrar. Porque a veces no cruzar la línea también es una elección. Y también duele.