SabakunoAmbar
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-Aquí está, podemos escuchar su corazón -dijo, ajustando el volumen del equipo.
De pronto, el sonido rítmico, veloz y sorprendentemente fuerte de un latido diminuto llenó toda la habitación. Un latido vivo, real, insistente.
-Ay, no puede ser... voy a ser tío -murmuró Sae, la voz apenas un susurro quebrado, los ojos fijos en la pantalla sin poder procesar lo que veía.
El doctor sonrió aún más ampliamente y movió ligeramente el aparato.
-Qué cree... que viene con compañía -añadió con tono alegre-. Felicidades de nuevo, joven Itoshi. Está esperando gemelos.
-¡¿Gemelos?! -exclamaron Sae y Rin al unísono, las voces entrecortadas por la impresión más absoluta.
Sae, cuya compostura solía ser inquebrantable incluso en los momentos más críticos, sintió que todo el oxígeno abandonaba sus pulmones. Sus rodillas cedieron de golpe y cayó desmayado al piso de la enfermería con un sonido sordo.
Rin permaneció inmóvil en la camilla, la mirada perdida en la pantalla donde dos pequeños puntos latían con vida propia, sincronizados en un ritmo acelerado pero constante. El frío gel sobre su piel, el eco de aquellos dos corazones diminutos resonando en la habitación y la realidad que acababa de estrellarse contra él lo dejaron sin aliento, sin pensamientos coherentes, sin palabras.