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-Sé que vinieron a ver la historia de Percy Jackson... -la chica suspira y se cruza de brazos-. Sí, ese Percy Jackson, el hijo favorito de Poseidón, el héroe del rayo y todo eso.
Pero, por favor... ahora es mi turno.
Porque, curiosamente, en todas esas historias apenas mencionan a Afrodita o a sus hijos. Siempre somos "los bonitos", "los superficiales", "los que no pelean".
Bueno... eso está por cambiar.
Mi nombre es Allison Brown.
Y tengo un hermano gemelo, Aegan Brown.
Somos los únicos hijos de Afrodita.
Sí. Los únicos.
Y mientras sigas leyendo, entenderás por qué.
Nuestra madre -la mismísima diosa del amor- se enamoró de un mortal.
Mi padre se llama Derek Brown. Alto. Musculoso. Guapo. Empresario reconocido. Elegante. Seguro de sí mismo.
Claro... ¿acaso esperaban que Afrodita eligiera a alguien que no fuera de sus estándares?
Pero lo que nadie sabe es que no fue solo belleza lo que la enamoró. Mi padre no cayó rendido ante ella como todos los demás. Él la miró como si fuera... humana. Como si no necesitara inclinarse.
Y eso fue suficiente.
Afrodita rompió una regla que casi ningún dios rompe: se quedó más tiempo del debido. No fue solo un romance pasajero. Fue amor real.
Y de ese amor nacimos nosotros.
Gemelos.
Perfectamente opuestos.
Yo heredé el encanto, la estrategia, la mirada que puede hacer que alguien confiese sus secretos sin darse cuenta.
Aegan heredó la intensidad. La pasión. El peligro que viene con el amor mal manejado.
Pero esa historia comienza antes del Campamento Mestizo.
Antes de ser reclamados.
Antes de saber que los monstruos eran reales.
Antes de que descubriéramos que el amor... puede ser el arma más poderosa de todas.
Tenía 12 años cuando el primer monstruo intentó matarme.
Y no, no fue nada glamuroso.
Fue en un centro comercial.
Porque aparentemente, incluso las hijas de Afrodita no pueden comprar ropa tranquilamente sin que una empusa arruine el día.