Wen_bz
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Ye Xi, un joven de la aldea de Shanxiu, se quemó la cara con agua hirviendo. La adinerada familia de la aldea vecina, con la que tenía un compromiso matrimonial concertado desde la infancia, rompió el compromiso de la noche a la mañana.
Todos los aldeanos se burlaban de Ye Xi. Incluso los ger que antes eran más feos que él se reían de él y murmuraban a sus espaldas que jamás podría casarse.
Tiempo después, un forastero llegó a la aldea de Shanxiu. Era un hombre alto y robusto, de piel oscura. Solo llevaba un bulto andrajoso; compró una destartalada choza de paja al pie de la montaña y se estableció allí.
Los aldeanos no se atrevían a acercarse a él, pues temían que estuviera involucrado en negocios turbios.
Ye Xi se lo había encontrado varias veces al pie de la montaña y junto al río. Sabía que aquel hombre no solo era hábil cultivando la tierra, sino que también cazaba y pescaba, y que no tenía vicios como el juego, la bebida u otros similares.
Sentía que aquel hombre era realmente bueno y digno de confianza.
Un día, con la mitad del rostro marcada por la quemadura, abrió la puerta de la casa del hombre y, de pie en la entrada, con el rostro sonrojado, le preguntó:
-¿Te casarías conmigo?
El hombre terminó el arroz de su cuenco, levantó la vista para mirarlo, lo observó fijamente durante un largo rato y respondió:
-Me casaré.
Después de casarse, en casa siempre había platos calientes y gachas humeantes sobre la estufa; la ropa rota era remendada hasta parecer nueva; en el patio criaban gallinas y patos; en la jaula había conejos blancos como la nieve; y las frutas y verduras del huerto crecían exuberantes.
Lin Jiangshan miró a su nuevo esposo y suspiró para sus adentros:
«Así es como debería ser la vida.»
La pareja cultivaba la tierra para alimentarse, comía tres veces al día, vivía en aquella aldea de montaña, se amaba profundamente y disfrutó de una vida larga, tranquila y estable.