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Esa ha sido siempre la mayor debilidad de Toni. Su corazón.
Gustabo abre la nevera y toma dos manzanas. Le alcanza una a Toni mientras cierra la puerta con el pie y le da un mordisco a la suya; así, sin lavarla.
Toni agarra un platillo y un cuchillo, colocándolos sobre la isla. Con sumo cuidado, comienza a cortar la manzana en gajos. Todos iguales, perfectamente medidos, fruto de la práctica y de la calma con la que realiza el acto.