Maxy_1864
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Parker y Chester recibieron el correo de Olivia una noche lluviosa. Chester, con su taza de café temblando en sus manos, leyó el mensaje en voz alta:
"Hola, no sé a quién más recurrir. Mi casa... algo está mal con ella. Las luces parpadean, escucho voces por la noche y siento que no estoy sola, aunque siempre cierro con llave. Por favor, ayúdenme."
-¿Ves? Esto es lo que digo siempre -murmuró Chester, dejando la taza sobre la mesa-. ¿Por qué la gente insiste en quedarse en casas poseídas? Existen los moteles, Parker. Hay opciones.
Parker, sentado con los pies sobre la mesa, apenas levantó la vista de su teléfono.
-Tal vez solo es un problema eléctrico. O tal vez es un demonio. Solo hay una forma de averiguarlo.
Chester lo miró con el ceño fruncido.
-O podemos hacer lo sensato y decirle que llame a un electricista.
Parker apagó el teléfono, estiró los brazos y sonrió.
-Demasiado tarde. Ya acepté la invitación. Nos espera mañana por la noche.
Chester abrió la boca para protestar, pero sabía que era inútil. Parker ya se había levantado y se dirigía a la puerta, silbando como si no acabara de comprometerlos a pasar la noche en una casa probablemente maldita.
-Voy a odiar esto -gruñó Chester, apoyando la cabeza en la mesa.
Y, en el fondo, supo que tenía razón.