Bradford
2 stories
Su dulce debilidad © by TRomaldo
TRomaldo
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    Parts 40
Reece Wood no era un chico bueno pero tampoco era cruel. No bebía en exceso pero ello no significaba que no le gustara el alcohol. No fumaba en demasía y tampoco suponía que no le gustara la nicotina. No vivía de mujeres pero, por supuesto, no implicaba que no le gustaran ni un poco. Porque la verdad era que le encantaba. Amaba servirse a sí mismo y darse un par de trago de vez en cuando. Incluso le enloquecía disfrutar de la calentura que cuerpos calientes pudieran brindarle, observar a muchachas hermosas moverse encima suyo, casi de manera frenética. Besarlas y tocarlas le fascinaba de sobremanera. Sentirlas, esa era su adicción. Él solo era un chico más al que le gustaba divertirse cuando la conoció. A Reece, que le importara muy poco cualquiera que no fuera él mismo, de pronto tenía que ver por una chica ridícula e insignificante. Debía enseñar a la burla del instituto, a la diversión y maltrato de muchos, Amy Donovan, a ser alguien como él. Alguien digno y grande, no absurdo y despreciable como ella era. Y no porque quisiera, porque jamás se le hubiera cruzado por la cabeza involucrarse con alguien como ella, con una muchacha que no encajaba con él. Era cuestión de honor. Debía saldar una cuenta con Drake Donovan y esa era la manera de pagarle el inmenso favor que alguna vez le hizo. El problema surgió cuando, de pronto, cuidar de la pequeña e inocente cobriza se volvió casi una necesidad. Ella era su dulce debilidad y su más grande obsesión. QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDA LA COPIA Y/O ADAPTACIÓN DE LA NOVELA.
Regresa, amor by TRomaldo
TRomaldo
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    Parts 18
Lo tenía todo. Heredero de una fortuna interminable y dueño de todo lo que deseara, Trent no tenía de qué preocuparse. Su vida se balanceaba entre lo tranquilo y emocionante, fascinante. Era todo demasiado perfecto hasta que ella llegó a su mansión para arrebatarle todo cuanto tenía. Llegó a su vida para atormentarlo, para arrasar con todo su entorno de una manera tan caótica que no hubo vuelta atrás cuando sus ojos verdes se posaron sobre ella. La detestaba, la odiaba tanto que no desperdiciaba un solo instante para discutir con Emma en comentarios burlescos y humillantes, crueles. Aborrecía tanto a la niña engreída que había llegado a quedarse en su mansión, por decisión de sus padres, que Trenton Bradford hubiera reído durante horas si, a sus diecisiete años, le decían que en algún momento se encontraría en esa situación: llorando y sufriendo de amor por la mujer que siempre había odiado.