MeizelSantos
Londres, 1887. Un asesino conocido como «El Cronómetra» mata con precisión de relojería, dejando solo un tiempo detenido como firma. Tras silenciar al forense que lo perseguía, su hija, Mary Anne Forsyth, se niega a aceptar la mentira oficial. Pero los diarios clave de su padre están escritos en un código que no puede descifrar sola.
Su única esperanza es Edward Sterling, un policía brillante pero despreciado en Scotland Yard, obsesionado con el caso. Juntos, descubren que su mayor obstáculo no es el asesino, sino las rígidas convenciones sociales.