keiishal
𝙈𝙊𝙉 𝘾𝙃𝙀𝙍𝙄𝙀...
En Elmsworth, donde la lluvia nunca termina de lavar el barro de las calles, hay una historia que todos conocen y nadie se atreve a contar.
Habla de una princesa engreída, criada entre sedas y mentiras, cuyo rostro perfecto sonríe desde los retratos oficiales con labios de cera y ojos que nunca han conocido el frío de una noche sin techo. Su cumpleaños se celebra con tanto boato que los guardias abandonan sus puestos para beber en su honor, y las calles se vacían mientras el palacio arde en luces que los pobres solo pueden mirar desde lejos.
Pero la historia no es sobre ella.
Es sobre lo que ocurre cuando un colega desaparece, llevándose un secreto que ahora late en una taberna como un corazón enfermo. Es sobre un pergamino roto que promete un tesoro: la Corona de Rosas, una diadema de oro puro y rubíes del tamaño de nudillos, que puede comprar una vida nueva o terminar con la vieja en la horca más pública.
Es sobre una noche de lluvia, tres sombras inclinadas sobre una mesa pegajosa, y una pregunta que pesa más que cualquier moneda.
Pero lo que nadie sabe -lo que ni siquiera los dioses podrían haber previsto- es que entre la ladrona de la navaja siempre fría y la princesa de la sonrisa de cera va a crecer algo más peligroso que el oro, más valioso que los rubíes, más imposible que tocar una estrella.
El amor.
Y cuando las manos que solo han tomado se abran para recibir, y los ojos que solo han ordenado se eleven para mirar de verdad, la Corona de Rosas se convertirá en otra cosa: en el peso de una elección, en el filo de una renuncia, en el eco de una pregunta que solo el corazón puede responder.
Porque hasta las joyas más brillantes palidecen frente a lo que brilla en la oscuridad de una mirada.