emi_20_2001
Los golpes a veces en la piel se van, pero no de la mente, años en un infierno donde solo estuve con un monstruo, me hice la idea que jamás iba a poder salir de ahí, hasta que me vi a mí misma haciendo lo mismo, pero con una persona ajena a mí.
Yo lo veía, imponente, diferente a mí, hasta esa tarde donde el atardecer era la compañía perfecta.
Descubrí, que estábamos rotos los dos...