Elsupervisor456
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A veces, el alma se convierte en un náufrago del tiempo, suplicando a las mareas que retrocedan. nos asalta el hambre voraz de desandar lo andado, de profanar el pasado para vendar las heridas que aún sangran en el presente.
Aquellas decisiones que una vez portamos como estandartes de certeza, hoy no son más que lápidas sobre nuestra espalda; monumentos a una ceguera que llamamos "instinto".
Vivimos bajo el asedio constante de los "hubiera", esos fantasmas hambrientos que devoran nuestra paz.
Nos preguntamos, con el corazón apretado por un frío antiguo, si el hilo de nuestro destino se habría tejido con seda en lugar de espinas si tan solo hubiéramos girado a la izquierda donde la vida nos obligó a ir a la derecha.
La nostalgia no es más que el eco de una puerta cerrándose, y el arrepentimiento, el veneno dulce que bebemos creyendo que nos devolverá lo perdido.
Somos arquitectos de ruinas, contemplando el mapa de una vida que pudo ser, mientras las cenizas de lo que fue se nos escapan entre los dedos, recordándonos que el tiempo es el único dios que no sabe perdonar.