Sam_p143
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Salveth Adda estaba a punto de volver al castillo, pero el verano que debía haber sido ligero y familiar terminó dejando marcas invisibles. El ballet, que siempre había sido su refugio, se volvió un lugar incómodo; las palabras de la profesora Denise empezaron a pesar más que los ensayos, y Salveth aprendió a contar, a medir, a desaparecer un poco sin darse cuenta.
En casa, nada estaba en calma. Nadir, su hermano pequeño, pronto comenzaría Hogwarts, pero ya cargaba con una rabia que no era suya. Salveth lo vio gritarle a su padre por primera vez, lo vio querer huir de su mirada exigente, y entendió que cumplir nunca era suficiente.
Como si no bastara, su padre le arruinó en secreto la sorpresa del Torneo de los Tres Magos. Salveth guardó el silencio como una promesa: no se lo diría a Harry, Ron ni Hermione. Aquel torneo significaba campeones, peligro... y reencuentros. Su prima Hanna llegaría desde Beauxbatons, y Harim desde Durmstrang, trayendo consigo recuerdos que Salveth no sabía si estaba lista para enfrentar.
Ese año, Hogwarts cambiaría de forma inesperada. Mientras sus amigos empezaban a preguntarse por qué su padre, supuestamente leal al Ministerio, siempre se rodeaba de magos con un pasado manchado de oscuridad. Salveth quería creer que Abder Adda solo era frío y severo, nunca algo peor.
Pero el Cáliz de Fuego no perdona la ingenuidad.
Y el cuarto año sería el momento en que Salveth descubriría que algunos secretos no se pueden seguir ignorando.