DandeLion976
El amor es una anomalía del alma: no avisa, no pide permiso y jamás llega con misericordia. Irrumpe como un rayo de revelación y se clava como una herida eterna. Tan sagrado... como cruel.
Burning Spice amaba a Dark Cacao.
No con la frivolidad de un capricho fugaz, ni con la ilusión ingenua de un beso robado. Lo amaba como se ama lo absoluto: sin cadenas, sin límites, sin redención posible. Como un fanático que se postra ante un dios indiferente, sabiendo que sus plegarias se perderán en el vacío. Su devoción no pedía trofeos; le bastaba arder en su presencia, consumirse en llamas invisibles.
Dark Cacao, en cambio, no conocía el amor. Solo desprecio. Un muro de hielo negro, tan impenetrable como las nieves eternas de su reino. El Rey no fue moldeado para caricias suaves, sino para el filo de la espada, el peso del sacrificio y el eco del silencio. Su corazón: una cidadela blindada por glaciares milenarios.
Y aún así, Burning Spice avanzaba.
¿Cómo resistirse, si su fe era un infierno que lo impulsaba? ¿Cómo no desafiar ese frío que lo abrasaba por dentro, si al otro lado se erguía Dark Cacao: imponente, inalcanzable, una deidad tallada en escarcha y sombras? Por él, Burning Spice se dejaría congelar hasta desmigajarse, ardería hasta reducirse a cenizas. Porque, para él, amar no era poseer... sino entregarse entero. Incluso a la ruina.
Al final, Dark Cacao jamás lo amaría.
Pero eso no detenía a Burning Spice.
Los dioses no aman a sus devotos.
Y aún así... siempre hay quien se arrodilla.