AAguiesca
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Emilia Rivas entró a OCX International creyendo que solo iba a trabajar. Que el trabajo era solo trabajo. Que las reglas existían para cumplirse y que el deseo podía mantenerse al margen. Pensó que bastaba con ser correcta, eficiente, invisible.
Pero no pudo estar más equivocada.
No sabía que estaba a punto de cruzar una línea invisible. Ni que iba a convertirse en una interferencia.
Cristian Occonor no era un hombre al que se lo desafiara sin consecuencias. Tenía el control absoluto. Vivía rodeado de poder, secretos y reglas que nunca se rompían... hasta que cierta castaña apareció y empezó a ocupar un lugar que no debía.
Ella estaba demasiado cerca, demasiado presente y, desgraciadamente, demasiado viva.
Entre ellos no había promesas ni palabras dulces.
Había miradas que duraban más de lo correcto. Órdenes que pesaban distinto cuando se decían en privado. Cuerpos que se reconocían antes que la razón pudiera intervenir.
Un vínculo carnal que funcionó como escape, como anestesia... hasta que dejó de hacerlo.
Ella quiere sentir sin pedir permiso. Quiere entender por qué ese hombre que la mantiene a distancia también la observa como si fuera un error imposible de corregir. Quiere más de lo que debería pedir.
Y quiere amar, aunque todavía no sepa cómo.
Cristian no quiere nada. No quiere vínculos. No quiere preguntas. No quiere debilidades. No quiere a nadie lo suficientemente cerca como para verlo caer.
No quiere admitir que la desea más de lo que debería. Ni aceptar que ella ve partes suyas que nadie más se atrevió a mirar.
Pero cuando el deseo se vuelve rutina y el control empieza a fallar, cuando los secretos de OCX amenazan con salir a la luz y el poder deja marcas, el afecto se convierte en un riesgo real.
Entonces la pregunta deja de ser si pueden seguir así...
Y pasa a ser: ¿Qué están dispuestos a perder cuando tocar ya no es suficiente?